16 abril 2014

Antihistoria de un luchador

Tras leer el GRAN libro de Mónica Echeverría “Antihistoria de un luchador”, de la editorial LOM, y que relata la vida de Clotario Blest Riffo -esa figura emblemática y respetada por su consecuencia en lo sindical y de derechos humanos- he quedado (como lo digo) desesperanzado.

 ¿Por qué?

A mis 45 años no veo referentes chilenos en la actualidad y por el contrario lo que veo es un individualismo ya enfermizo en el que “el tener” es lo primordial. En lo personal vengo de una población en la que los niños jugábamos hasta la noche, en la que salíamos a caminar por calles muy lejos de nuestras casas sin temor, en donde las casas de los vecinos eran la ampliación de la mía, en donde uno entraba abriendo la puerta y diciendo permiso.
 Muy por el contrario hoy donde veo los niños no se conocen (ni yo a los vecinos), donde lo esencial es la vigilancia del “condominio” (siendo que vivo en una avenida principal que en unos años más se abrirá), en donde lo que se busca es cerrarla aún más con rejas de manera que nadie entré.

 Ese viejo que conocí en varias movilizaciones durante la Dictadura lo admiraba por estar ahí presente a su edad. Hoy, gracias a Mónica, veo que gran personaje era. Más orgullo me siento de haber caminado desde la Iglesia de San Francisco hasta el Cementerio General durante su funeral. Fui no por su obra -que no la conocía cabalmente- sino por su consecuencia de estar siempre ahí con los oprimidos.

 Soy de una generación que conoció a fondo la injusticia, que vivió a fondo experiencias límites, trágicas para muchos, en dónde la censura y persecución estaba presente. Conocer de los infiernos que padecieron muchos durante la Dictadura, conocer a varias personas de las cuales fueron asesinadas por lo que pensaban, y a muchos que admiré, como don Clotario, por esa consecuencia en luchar por lo que pensaban.
Siempre en mi memoria están personas como Jecar Negme, Mario Martínez, Rodrigo Rojas, los hermanos Vergara, André Jarlán y Tucapel Jiménez y entre tantos. Estás personas que entregaron su vida por una causa son dignos de admiración.

De la gente que uno puede admirar ya no quedan. El último en irse fue Madela, ya se fue Fernando Castillo Velasco, un maestro, y a nivel general sólo está José Mujica con su ejemplo de vida.

 Pero en Chile ¿quien queda?. Díganme por favor. La vida de Clotario nos enseña que hoy todos buscan algo a cambio, ya sea poder o dinero. (Ojalá que Iván Fuentes, ese dirigente y actual diputado no se malee y siga siendo el mismo. Me he cruzado varias veces con él y siempre saluda, aunque a uno no lo conozca).

El libro de Mónica me presentó personajes que si bien conocía no me eran tan cercanos y hoy ocupan un lugar de privilegio entre las personas que siento le han hecho bien a Chile: Luis Emilio Recabarren y el padre jesuita Fernando Vives.

También amplió mi conocimiento en como el poder es capaz de tapar los sufrimientos de un pueblo. Cómo llegó a Santiago la información de la Matanza de Santa María del 21 de diciembre de 1907, y la poca importancia que se le dio a esa y otras matanzas de obreros.

 Un libro que me hizo y me hace pensar.

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